«El león duerme esta noche» — Notas de producción #05

Finalizamos las notas de producción de Nobuhiro Suwa para El león duerme esta noche con las hermosas historias creadas por los niños y niñas del taller de Peymenade.

Nobuhiro Suwa

El objectivo de los talleres que organizamos en Peymenade era observar el proceso de creación de los pequeños sin proyectar sobre ellos prejuicios de adultos. Quería ver cómo ellos percibían las cosas. Por aquel entonces en mi cabeza no estaba la idea de que los niños fuesen protagonistas de la película haciendo de ellos mismos. El objetivo del taller era el siguiente: imaginar con los niños la histora de la película, El león duerme esta noche. Más allá del hecho de que estos talleres sirvieron de casting, lo importante era que todos los chicos experimentasen la creación a través del rodaje en el cual debían de colaborar los unos con los otros.

Las historias imaginadas por los niños formaron parte del guion de la película (son el director y el guionista quien se ocupa de la trama general) y ciertos niños continuaron participando en el desarrollo del proyecto. Los niños que participaron en la película fueron elegidos entre aquelos que participaron en los talleres. Pero no participaron en el film sólo como actores, sino también en tanto guionista en la medida en que ellos mismos inventaron sus personajes.

De tres talleres salieron cuatro cortometrajes con otras tantas historias en las que los protagonistas eran un señor mayor y unos niños. He aquí una de las cuatro historias imaginadas por los chicos.

Sin título

Miembros del grupo: Adrien, Louis, Mathis, Justine, Charlin

Reencuentro

Los padres, el tío y la tía de Max, la muy rica Faustine, los padres de Léa, los de Alexis y los de Jean-Batiste están en la mesa. Los niños están al borde de la mesa. Léa dice que se aburre. Faustine les propone a los niños que abandonen la mesa para jugar al escondite. Léa pide autorización a sus padres. Pero los padres le dicen: «Pero antes tenéis que recoger los platos...Y no os aproximéis a la casa abandonada, porque es peligroso». Los niños salen y dicen: «Vale, gracias». Sólo Alexis no sale y descansa. Su madre le pide a los amigos de Alexis: «Sed amables, lleváoslo con vosotros». Léa responde: «Ah no, él nunca habla, no me cae simpático». Jean-Baptiste: «Cuidado Léa, Alexis es autista». La madre de Alexis: «No es autista, está un poco perdido en el mundo. Es algo tímido». Jean-Baptiste coge del brazo a su primo (Alexis) y salen todos juntos.

El escondite

Léa no quiere ser casa y lo sortean de manera que Alexis se convierte en el que tiene que buscar a los demás. Los cuatro niños se esconden. Max, que no obedece la orden de sus padres se esconde en la casa abandona. Alexis encuentra a Léa que no se ha escondido bien. Léa ayuda a Alexis y encuentran a Faustine y Jean-Baptiste. Pero no llegan a encontrar a Max. Max, al que le gusta hacer el trasto, se sube al tejado de la casa. Las tejas están algo rotas y Max hace caer parte del tejado. Los otros niños escuchan el grito de Max. Léa no quiere aproximarse a la casa. Los otros tres quieren entrar en la casa. Max se cuela en el interior de la casa por un agujero. Jean-Baptiste pregunta: «¿Todo bien?». Max responde: «Sí». Los niños se dan cuenta de que una puerta está abierta.

Entran en la casa y se encuentran con un señor mayor en una silla con ruedas. Max le da amablemente un puntapié para despertar al señor mayor: «Disculpe señor, ¿vive alguien aquí?». El señor se despierta y riñe a los niños: «¿Qué estáis haciendo aquí?». Los niños se excusan: «¡Perdone señor!»

Tras el escondite

Léa dice que no quiere volver a la casa abandonada. Faustine dice que ella va a avisar a sus padres. Jean-Baptiste dice: «No es necesario. Nos reñirán». Faustine responde: «Pero es extraño, se supone que no vive nadie en esa casa». Los niños discuten sobre un posible retorno a la casa abandonada. Alexis se dirige a la casa. Los otros lo siguen. Entran todos en la casa.

Segundo encuentro

Los niños ven al viejo discutir con otra persona a pesar de estar solo. Pero Alexis ve algo que los demás no pueden: una mujer un poco transparente. Jean-Baptiste pregunta: «¿Con quién discute?». Léa responde: «Está algo loco. Seguramente haya bebido demasiado». Faustine: «Ya se caerá. Habla solo».

El viejo: «Yo no he sido cruel. ¿Pero por qué han venido esos niños?»

Max: «¿A quién le habla? ¿Habla de nosotros?»

Alexis: «Le habla a su mujer».

Los otros niños miran a Alexis con suspicacia: Faustine: «¡Señora!». Léa: «¡Tu también has bebido!». Alexis: «Ella está ahí sólo a veces». Jean-Baptiste: «Pero ¿dónde? No hay nadie».

El viejo recibe la bronca de su mujer por haber sido cruel con los niños.

El viejo: «Vale, lo he comprendido. La próxima vez nos los amedrentaré».

Max, al que le gusta cometer pillerías, lanza una piedra contra el vidrio. El vidrio cae. El viejo se vuelve hacia los niños: «¿Quién ha sido?»

Los niños entran en el cuarto. Alexis le pregunta al viejo: «¿Es su mujer?». El responde: «Hablo solo. Estoy en mi derecho.»

Los niños le preguntan por qué vive solo.

El viejo les responde con malos modos: «¡Eso no es cosa vuestra!». Su mujer: «Me lo habías prometido». Alexis mira a la mujer, ella lo mira, parece sorprendida. Ella se ha dado cuenta de que Alexis la puede ver y le pregunta: «¿Puedes oirme?». Alexis: «Sí, pero ¿por qué?»

Alexis se pregunta por qué los demás no ven a la mujer y comprende que se debe a que es una visión.

Max, que toca siempre todas las cosas, se agarra a un hilo que hace caer una antena sobre la mujer. La antena atraviesa a la mujer. Alexis comprende que es un fantasma.

Alexis: «Usted es...». El fantasma: «Silencio...»

Jean-Baptiste le pregunta a Alexis: «¿Estás bien?». Léa responde: «Me voy». Faustine: «Volveremos mañana, ya es tarde. Nuestros padres se van a inquietar». Max y Alexis: «Hasta luego, señora».

Mañana y los días siguientes

Los niños vuelven a la casa para verse con el señor. Jean-Baptiste quiere componer una canción con su batería, pues sus padres le habian dicho que la música podía calmar un corazón en problemas. Pero no consiguen empatizar con el señor. Max hace tonterías todo el tiempo, pero no le hace reir. Al mismo tiempo, él espera con impaciencia que los niños lo visiten. Paralelamente a las visitas de los niños, el fantasma aparece de vez en cuando.

Un día, Alexis pregunta al viejo donde está su mujer. Pero él no puede responderle. Faustine roba dinero a sus padres ricos y los niños buscan cosas para el viejo con ese dinero. Léa hace como su hermana, pero compra también cosas para si misma. Alexis piensa que el viejo necesita un nuevo compañero, por ejemplo un perro...

Max, que sigue haciendo el trasto, roba un perro a la sociedad protectora de animales. El viejo decide llamarlo René. El viejo está ahora más contento, pero no quiere salir de la casa. Para que salga es preciso que esté más feliz aún. Alexis discute con el fantasma y comprende que sus apariciones se deben a que no quiere dejar al viejo en soledad. Max coge al viejo de la mano y lo levanta del sillón. Ambos salen al exterior donde brilla la luz del sol. El fantasma le dice adiós y desaparece en la luz. El viejo sonríe a Alexis con lágrimas en los ojos. Alexis dice: «No tenga miedo, me ocuparé de usted». El viejo sigue a Alexis sonriendo.

FIN

Otras noticias

  • Representante de la Nueva Ola de cine portugués, que está dejando huella en el panorama internacional de grandes festivales, Rita Azevedo Gomes se zambulle en Correspondencias en la relación epistolar entre los poetas portugueses Sophia de Mello y Jorge de Sena. El filme indaga en la desolación y enorme dolor que provoca el exilio.

  • El león duerme esta noche comienza a tomar sitio en las principales revistas especializadas del país. En las páginas centrales de Cinemanía vemos al gran Jean-Pierre Léaud dando luz al esperado estreno de Nobuhiro Suwa.