«Experimento porque el cine actual es aburrido»

Representante de la Nueva Ola de cine portugués, que está dejando huella en el panorama internacional de grandes festivales, Rita Azevedo Gomes se zambulle en Correspondencias en la relación epistolar entre los poetas portugueses Sophia de Mello y Jorge de Sena. El filme indaga en la desolación y enorme dolor que provoca el exilio.

Javier Yuste | El Cultural

Rita Azevedo Gomes es una de las herederas del tótem del cine portugués Manoel de Oliveira, del que fue colaboradora, y representante de una Nueva Ola de cineastas lusos —entre los que se encuentran João Pedro Rodrigues, Miguel Gomes o Joaquim Pinto— que están dejando su impronta en el panorama internacional de grandes festivales. En Correspondencias realiza un ejercicio de absoluta libertad que mezcla formatos y géneros para entregar un ensayo fílmico sobre la desolación del exilio.

¿Fue complicado encontrar la forma para el filme? Sí, tuve muchas dudas al respecto. Si me hubiera apoyado demasiado en las cartas hubiera sido muy aburrido. No sabía cómo adaptarlo a la pantalla. La idea inicial no tiene nada que ver con lo que ha acabado siendo la película. Siempre tuve claro que debían aparecer muchas personas porque las cartas, en el momento de la publicación del libro, se abrieron a todo el mundo. Sin embargo fue el inesperado curso de la vida lo que me llevó a encontrar una forma adecuada.

¿A qué se refiere? En ese momento estaba atravesando una enfermedad grave y me vi obligada a viajar a París con regularidad para afrontar un tratamiento muy agresivo. Por otro lado fue una maravilla porque me permitió reencontrarme con amigos que no veía desde hacía 30 años, como Pierre Léon o Eva Truffaut, que participaron en la película. Viajaba a París todas las semanas un par de días cargada con los medicamentos y la cámara. El primer día lo pasaba en el hospital y preparaba con el iPhone el rodaje del día siguiente, adaptándome a las personas que tenían el día libre. Y en Portugal el proceso fue parecido. El rodaje duró tres años y no sé si fue el trabajo lo que me devolvió la salud o los hospitales. Por eso la película es una mezcla entre mi vida y las ganas de adaptar estos textos de diversas formas.

"Hice 23 versiones hasta que me di cuenta de que tenía que parar"

¿Fue complicado el montaje de la película? Sí, porque no había un guión fijo. Había seleccionado muchos textos y comenzaba a montar en cuanto los rodaba porque tenía que encontrar un camino y éste no podía ser meramente cronológico. Lo afronté sola por primera vez en mi vida y tenía infinitas posibilidades de articular todos esos fragmentos. Me costó un enorme trabajo encontrar una forma satisfactoria. Hice 23 versiones hasta que me di cuenta de que tenía que parar.

En la película se mezclan distintos formatos de imagen... En un momento concreto me di cuenta de que estaba reflexionando sobre lo que sucede hoy en el cine. Al igual que estaba haciendo con los textos, quería aprovechar todos los recursos audiovisuales que estaban a mi alcance para ver hasta qué punto estos coincidían sin entrar en conflicto, por ejemplo imágenes en Super 8 y en 16:9. Creo que ahí apareció eso tan esquivo que es la inspiración porque no sabía qué hacer y hallé algo que me parecía verdadero. Me gusta experimentar porque estoy aburrida de las cosas tan parecidas que se hacen hoy en día.

¿Hacia qué temas inesperados se abrió la película? Está muy conectada con la realidad, con todo lo que pasa en el mundo ahora. Mientras leía las cartas pensaba que Sophia y Jorge estaban hablando del presente. La realidad es muy extraña y por eso creo que trato de representarla, para entenderla mejor. Algo tan lejano como una carta de hace 60 años puede ayudarte a descifrar el mundo de hoy. Portugal se liberó hace años de un régimen siniestro, pero el mundo está hoy entrando en una dinámica bastante triste con lo que pasa en EEUU o Corea del Norte. La gente está continuamente pensando en el pasado y no en el futuro.

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